Marco era un hombre que lo había perdido todo: su fortuna, su casa, su esposa. Una noche de tormenta, refugiado en un templo abandonado, encontró un viejo manuscrito. Era una copia de las Cartas a Lucilio . La lluvia filtraba por el techo roto, pero él leyó a la luz de un fósforo: "No es que tengamos poco tiempo, sino que perdemos mucho" .

Al día siguiente, un comerciante le ofreció limosna. Marco la rechazó. En cambio, pidió un trozo de madera y carbón. Comenzó a escribir frases de Séneca en las paredes del foro: "La suerte prepara lo que quiere; el sabio, lo que tiene" .

Una tarde, el antiguo prestamista que lo había arruinado pasó por allí. Leyó una frase: "El sabio no depende de la fortuna" . Miró a Marco, bajó la cabeza y siguió caminando. Marco, entonces, escribió la última: "No hay viento favorable para el que no sabe a qué puerto se dirige" .